
Con un clima de oración, encuentro y profunda vida comunitaria, la parroquia y Santuario de San Judas Tadeo de Malloa, en la diócesis de Rancagua, se encuentra viviendo un significativo tiempo de misión pastoral de verano, impulsado por el Movimiento de Schoenstatt. Así lo expresó su párroco, el padre Luis Antonio Piña Vargas, quien valoró esta experiencia como un verdadero regalo del Señor para la comunidad.
Las misiones, que comenzaron el pasado 30 de enero y se extienden hasta este fin de semana, reúnen a 127 misioneros, en su mayoría matrimonios junto a sus hijos, muchos de ellos jóvenes universitarios. “Son familias que evangelizan a otras familias, desde lo cotidiano y lo sencillo de la vida”, señaló el sacerdote, destacando el testimonio que brota desde la propia experiencia de fe.
Por segundo año consecutivo, la misión se ha desplegado en los sectores de Corcolén, Cantarrana y San Pedro, sumándose en esta oportunidad la comunidad de Sal Sí Puedes, ampliando así el alcance pastoral en el territorio parroquial. La labor evangelizadora se ha centrado en la misión puerta a puerta, desarrollada en la mañana y en la tarde, integrando activamente a niños, jóvenes y adultos.
Durante estos días, las comunidades han compartido diversas actividades que fortalecen la vida fraterna y la presencia de la Iglesia en el territorio: una obra de teatro, espacios recreativos, un bingo comunitario y, como culminación, una procesión de cierre, signo de agradecimiento por los frutos espirituales recibidos.
“El misionero es ese susurro de Dios en la comunidad, como nos recordaba el Papa Francisco: alguien que camina junto al otro, sin imponer, sino acompañando”, reflexionó el padre Piña. En ese sentido, destacó que esta segunda experiencia permite recoger los frutos sembrados el año pasado, consolidando vínculos y despertando procesos de fe que maduran en silencio.
De cara a las próximas semanas, la parroquia se prepara para nuevos hitos pastorales, como la misa en la gruta de Nuestra Señora de Lourdes y el inicio del tiempo de Cuaresma, con el Miércoles de Ceniza. “Nosotros ponemos los medios; la obra es del Señor”, concluyó el párroco, invitando a seguir abiertos a la acción de Dios en la vida cotidiana.