
La crisis sanitaria que vivimos desde el año 2020, rápidamente se transformó en una crisis económica, cuyo primer síntoma fue la falta de alimentos. Situación que se hizo cada vez más evidente a los ojos de algunas personas y que no esperaron para ponerse en acción, algunos con recursos propios en un principio y colaboración de vecinos o almacenes cercanos, para habilitar ollas comunes. Estas son apoyadas por Fundación Caritas Rancagua, desde el año pasado a través de recursos entregados por el Gobierno Regional.
Son 190 millones de pesos que se transformarán durante cuatro meses en raciones de alimentos para alrededor de 83 ollas comunes catastradas en lo que va de este 2021, en 16 comunas de la región. Estas funcionan en distintas dependencias como sedes vecinales y parroquias y están ubicadas geográficamente en las comunas de: Rancagua, Rengo, Graneros, Peumo, Olivar, Requínoa, San Fernando, San Vicente de Tagua-Tagua, Machalí, Santa Cruz, Marchigüe, Coínco, Placilla, Pichilemu, Pichidegua, Peralillo y Nancagua.
“MUCHO AMOR Y DEDICACIÓN”
Jessica Fredes, encargada Olla Común y presidenta de la Junta de Vecinos O’Higgins Nª3, correspondiente a la Villa Corvi, de Santa Cruz, fue una de las impulsoras de la olla común en este sector. Cuenta que “el año pasado detectamos, una vez que comenzó la pandemia, que muchos adultos mayores y algunas personas que quedaron sin trabajo, no tenían qué comer, entonces empezamos a buscar qué hacer en nuestro sector y surgió la olla común, aproximadamente en mayo y estuvimos hasta diciembre entregando almuerzos. Este año comenzamos en junio después de recibir la ayuda de Caritas”.
Son 120, y un poco más, las raciones que entregan todos los días sábados en la sede vecinal. También entregan alimentos otros días, pero eso depende de las voluntarias que son manipuladoras. Jessica explica que “en esta olla común existe un equipo de seis personas y cada una tiene una labor, por ejemplo, una se encargan de buscar las verduras, otras de la elaboración de los alimentos, otras de la limpieza, y de esa forma nos organizamos”.
Comenta que “si bien los alimentos se entregan para ser llevados a los hogares en sus ollas, a muchos adultos mayores vamos nosotras a dejárselos, porque están postrados, enfermos o viven solos. También les llevamos a las personas en situación de calle o a quienes que vienen habitualmente para el día siguiente, no siempre podemos, pero lo intentamos”.
Destaca el aporte de Fundación Caritas, porque “si bien nosotras empezamos a funcionar solas el año pasado y gestionamos apoyos, es difícil conseguir aportes. En ese sentido, es fundamental la ayuda de Caritas. Ellos están siempre pendientes de lo que necesitamos. Además, este año han realizado énfasis en la proteína: Ahora nos llegó pollo, carne molida y vienesas”.
Este año también algunos vecinos nos han apoyado con el gas que el año pasado fue muy difícil. “La gente es muy agradecida, por eso también trataremos de seguir hasta diciembre, igual que el año pasado”. “Estamos muy agradecidas de Caritas y también de todo el equipo que realiza esta labor con mucho amor y dedicación”.
“LA AYUDA DE CARITAS FUE UN ANGEL DE DIOS”
Teresa Catalán es del sector Villa Arauco, de Pichilemu, comuna que vive principalmente del turismo y que producto de la pandemia, gran parte de sus locales debieron cerrar. Cuenta que “eso motivó que con algunas vecinas conversáramos sobre qué hacer, porque mucha gente estaba sin trabajo. Así pensamos en una olla común, que comenzó a funcionar en junio del año pasado, los días sábados. Lo primero que hicimos –recuerdo- fue un pollo asado para 100 personas, sólo con recursos nuestros en esa oportunidad. Después Fundación Caritas nos apoyó”. Este año comenzaron a principio de julio, después de recibir el aporte de Caritas. La idea este año es aumentar las raciones a 150 y tratar de funcionar también durante la semana en la sede vecinal. Además, “queremos tratar de dar once en la tarde, hacer completos”, señala.
Teresa explica que “nosotros le entregamos alimentos a todos los que vengan, no realizamos un catastro anterior, ni inscripción, porque hasta el momento somos la única olla común en Pichilemu. El año pasado incluso íbamos a dejar a la casa a una familia que estaba con Covid”.
Este año Caritas nos está entregando más proteína y eso es súper bueno para acompañar cualquier almuerzo. También recibimos aportes de un verdulero del sector.
Teresa enfatiza que “cuando comenzamos esta olla no pensando que nos iban a ayudar, pero cuando llegó Jocelyn de Caritas, fue un ángel de Dios caído del cielo, una bendición de Dios”.