Palabras del Pastor

Una invitación orar por los sacerdotes y por las vocaciones

Este 4 de agosto se celebra al Santo Cura de Ars, fecha en que “la Iglesia nos invita a mirar a cada uno de nuestros curas, de nuestros párrocos, de nuestros sacerdotes, para agradecerles y darles apoyo, y sentir que juntos vamos construyendo la Iglesia”, señala en su mensaje Monseñor Guillermo Vera Soto, Obispo de Rancagua

Muy queridos hermanos y hermanas:

Este lunes 4 de agosto celebramos en la Iglesia a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos -día de los sacerdotes-, por eso quiero, con ustedes, agradecer al Señor por la presencia en nuestra vida de tantos sacerdotes.

A cada uno nos ha correspondido conocer a sacerdotes en la parroquia, en el colegio, en la vida pastoral, en nuestra vida sacramental, muchos de ellos han marcado nuestra vida porque han sido nuestros amigos, los hemos sentido cercanos, compartiendo nuestras alegrías, nuestras penas, aconsejándonos en el camino de la vida, celebrando con nosotros la fe, santificándonos con la gracia de los sacramentos.

Sí, la Iglesia recuerda a un cura sencillo, un cura de campo. Ars era un pueblo campestre en la Francia de su tiempo (siglo XVIII) y allá llegó caminando este cura que iba con su corazón decidido de amar y de servir a aquellas personas que su obispo le había encomendado. Era un pueblo pequeño, pero con sus complejidades, con sus dificultades, pero ahí está él para rezar por su gente y con su gente. Ahí está él para visitar a los suyos en sus casas en sus lugares de trabajo. Allí está el cura para acogerlos en la iglesia y para celebrar con ellos la Santa Misa. Este sacerdote fue conociendo a cada una de sus ovejas, ganándose el cariño de toda su gente y los suyos aprendieron a conocer en él a ese buen pastor que los acompañaba.

La fama de este sacerdote se extiende y ya serán de muchos lugares que llegarán para escucharlo, para confesarse, para poder conversar con él.

Al celebrar la figura de este gran hombre, el cura de Ars, es que la Iglesia nos invita a mirar a cada uno de nuestros curas, de nuestros párrocos, de nuestros sacerdotes, para agradecerles y darles apoyo, y sentir que juntos vamos construyendo la Iglesia, que nos necesitamos unos a otros y que así, entonces, iremos construyendo ese Reino de Dios en medio nuestro.

Como obispo, agradezco entonces la vida entregada, consagrada de cada uno de nuestros sacerdotes. Les pido a ustedes de hermanos y hermanas que también sepan estar cerca de sus curas, con su cariño, con su palabra de aliento, también diciéndonos aquellas cosas en las cuales tenemos que cambiar, en las cuales tenemos que ser mejores.

Espero que ustedes puedan sentir en su sacerdote a aquel hombre que recibió una llamada especial de Dios, precisamente, para acompañar a sus hermanos en la fe y así como su cura reza por ustedes, ustedes también recen por su sacerdote, recen por nuestra fidelidad al Señor.

Al celebrar al Santo Cura de Ars también demos gracias por esos sacerdotes que nos han acompañado y que ya no están con nosotros, que ya están celebrando junto al Señor allá en el cielo; rezamos por ellos, damos gracias por su ejemplo, por su entrega generosa, por todo aquello que sirvió su vida consagrada para cada uno de nosotros.

En esta diócesis, que tiene como título de ser una diócesis levítica, es decir, una diócesis donde han surgido muchas vocaciones a lo largo de toda su existencia, como comunidad cristiana, recemos para que eso continúe en medio nuestro, para que de las familias cristianas surjan vocaciones a la vida sacerdotal y, por supuesto, a la vida religiosa, y de muchos laicos comprometidos, porque si hay laicos comprometidos, habrá familias comprometidas, con un sello católico fuerte y, de esas familias, surgirán esas vocaciones que el Pueblo de Dios necesita. Entonces, no dejen de saludar a sus curas, no dejen de tener una oración por cada uno de nosotros.

Que el señor les bendiga.

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua