Proyecto Esperanza: Acompañando en el dolor

Jueves 02 de Mayo del 2024
- Elizabeth Bunster, directora de Proyecto Esperanza, nos cuenta sobre esta iniciativa que ha apoyado a mujeres y hombres en el dolor y la frustración que el aborto causó en sus vidas, acompañándolos en el recorrido de aceptación, arrepentimiento y esperanza.
 
 
De la mano de Elizabeth Bunster, directora de Proyecto Esperanza y de otras iniciativas pro vida relacionadas con la Iglesia, hacemos un recorrido por la dura temática del aborto en nuestro país y el camino que deben recorrer quienes lo han vivido. 
 
- ¿Cómo nace Proyecto Esperanza? 
“En el año 1983, estábamos un grupo de personas estudiando la Universidad de Concepción y nos tocó la experiencia de que un compañero nos alerta de que había una compañera de universidad, incluso de otra carrera, que estaba con una situación de un embarazo, pero ella vivía el hogar universitario y no podía estar ahí estando embarazada. Entonces, ella estaba pidiendo ayuda para continuar con su embarazo y buscar un hogar donde irse. Así, empezamos a averiguar en parroquias, en centros de salud y no había. Lo único que había era el hogar de la madre campesina, que era para personas del sector rural para que pudieran acudir a tener a su hijo o que tuvieran un riesgo obstétrico. Pasaron como dos semanas y nos llega el mensaje “no se preocupen, ya solucioné el tema”, y la forma en que lo “solucionó” es que abortó. Y con este grupo de amigos, que estábamos en ese momento estudiando derecho en la Universidad de Concepción, quedamos impactados, porque no nos imaginamos que podía pasar eso. Sentimos impotencia de no haber encontrado la ayuda que ella necesitaba. En ese momento éramos chiquillos todavía, de 19 o 20 años, y nos planteamos que, si esto está pasando con una chica estudiante universitaria, entre todas las carreras del campus ¿a cuántas personas más le estará pasando?”.
Cuenta que en ese contexto decidieron conformar una agrupación que se llamó Movimiento Anónimo por la Vida, con la idea de tener hogares de escogida para mujeres embarazadas para evitar el aborto. Luego de diversas gestiones en 1987, ya tenían personalidad jurídica y se empiezan a extender desde Concepción a Santiago, a Viña del Mar y a Panguipulli. 
Elizabeth Bunster señala que cuando empiezan a funcionar se dan cuenta de otra dura realidad, que es la de las mujeres que ya habían abortado. “El hecho de que se dijera que son hogares de acogidas para apoyar a mujeres embarazadas para evitar el aborto, provocó que personas se acercaran para pedir ayuda y que decían “cómo me hubiese gustado haber conocido esto antes, porque para mí es tarde, yo ya aborté”. Y la verdad que era muy doloroso escuchar este relato, porque era un relato no solo de palabras, sino que con un llanto desgarrador y no sólo de mujeres, sino que también de varones”. 
Eso los animó a seguir buscando herramientas para poder ayudar también en estos casos y conocieron el proyecto Raquel, que era un programa de acompañamiento multidisciplinario a mujeres que han pasado por un aborto, ejecutado en Estados Unidos. Al tener toda esta información, y con los ojos en la realidad de los casos que atendían forman el Proyecto Esperanza, el 6 de noviembre de 1999, con el apoyo de especialistas de distintas áreas, además de sacerdotes de Schoenstatt, del santuario de la Florida, y de profesionales de la Universidad Católica.
 
Desde esa época ha habido un cambio cultural…
“Claro, hay un cambio de la realidad de los años 80 a hoy. Creo que principalmente tiene que ver con un tema cultural de cada vez invisibilizar más, en términos de derechos, a los niños que están por nacer. Porque antes se invisibilizaban porque no existía tanta tecnología, hoy día se les ve claramente en las ecografías, sin embargo, hoy estamos en una época en que está -como dice San Juan Pablo II- cada vez más atacada la vida con esta anticultura de la muerte, en la cual constantemente se invisibiliza el derecho a la vida del que está por nacer, y también se invisibiliza lo que es el daño que provoca en la mujer y en el varón un aborto”.
 
¿De qué se trata el apoyo que entrega el Proyecto Esperanza?
“Específicamente, el apoyo que entrega el proyecto Esperanza es un acompañamiento que dura varios meses, en que hay sesiones que son semanales, y se va realizando un recorrido en la propia historia de la persona, incluso desde su juventud, su niñez, mirando cuál fue su proyecto de vida, mirando cómo era ella, cómo se inserta en grupos; después, se mirar qué efecto tuvo y las reacciones que hubo cuando supieron su familia, su pareja que estaba embarazada, cuáles fueron las personas que influenciaron la decisión, cuáles fueron los factores que influenciaron también o presionaron para llegar a esa esa decisión. En este proceso es difícil poder reconocer cuáles son los principales conectores que están constantemente apareciendo, haciendo presente esta situación, que tiene un efecto postraumático y que la han acompañado en los años posterior al aborto”.
Explica que, en este proceso, las mujeres pueden reconocer el dolor y a veces el resentimiento, especialmente con aquellas personas que la presionaron abortar o que no la ayudaron; y, además, reconocen el cómo cambió la vida de antes del aborto y después del aborto. 
Elizabeth explica, que este acompañamiento no es psicoterapéutico, pero sí ayuda a poder canalizar, reconocer sus emociones, su dolor, los enojos, canalizar toda esta rabia y llegar a un proceso de perdón. “Una vez finalizado este proceso de perdón, poder hacer un encuentro espiritual con la presencia de ese hijo y esto es muy importante, cuando todavía a veces existía las dudas dónde está este hijo”, señala.
Añade que el Proyecto Esperanza también atiende las pérdidas espontáneas, pues ahí también hay mucho dolor. 
 
¿Cuál es el vínculo del Proyecto Esperanza con la Diócesis de Rancagua?
Hay un trabajo en conjunto con la diócesis, hemos estado en contacto para apoyar con materiales y también hay un grupo de personas – del Centro La Vida Siempre- que se capacitaron en Rancagua en el Proyecto Esperanza. Además de apoyar, queremos hacer la promoción del valor de la vida a través de lo que es un apostolado que se llama Adopción Espiritual, el cual también se está iniciando en Rancagua.
Explica que se está trabajando con el Centro la Vida Siempre en los primeros acompañamientos que se puedan estar realizando.  Manifiesta, además, que están a disposición “de aquellas personas que sienten la necesidad de recibir un acompañamiento que es individual, confidencial y que, específicamente, es un acompañamiento desde el amor y misericordia de Dios, desde la escucha, siempre con humildad y resaltando el valor de la persona”. 
Elizabeth invita a conocer el Proyecto Esperanza a través de su sitio web www.proesperanza.org donde hay material informativo e incluso se puede descargar el libro “Señor, ¿Dónde está mi hijo?”, que es una recopilación de testimonios de mujeres y hombres que reflejan el dolor y la frustración que el aborto causó en sus vidas, contando el recorrido de aceptación, arrepentimiento y esperanza de sus protagonistas, quienes se han reconciliado y reencontrado con su hijo.
Con respecto a las capacitaciones para voluntario, señala que hay personas que se preparan para hacer acompañamientos “con la perspectiva de que es un apostolado de la misericordia, de la escucha y de acompañar en el dolor”. Y que también hay personas que se preparan para poder dar también charlas en colegios, en universidades, en parroquias. “Por lo tanto, bienvenidos a quienes deseen tener más información y que pueden escribir al mismo correo de la página web. Recordemos que San Juan Pablo II, apóstol de la vida, nos llama a unirnos todos en una gran estrategia en favor de la vida y, especialmente, de la perspectiva del amor y misericordia de Dios”, enfatiza.