Palabras del Pastor

Entreguemos el regalo de la fe

Monseñor Guillermo Vera, obispo de Rancagua, invita a todos los cristianos a valorar su bautismo y a animar a que más personas bauticen a sus hijos para que “todos seamos hijos de Dios, miembros de la Iglesia”.

Queridos hermanos y hermanas:

Al terminar el tiempo de Navidad en la Iglesia, la liturgia nos invita a celebrar un misterio de la vida del Señor Jesús que es su bautismo por Juan Bautista en el río Jordán. Luego de haber contemplado a Jesús, Niño, se nos invita ahora a caminar con Cristo en su obra evangelizadora. En el episodio del bautismo de Jesús, es destacar la voz del Padre que se escucha: “Éste es mi hijo amado a quien he elegido”, es hermoso creer que esas mismas palabras fueron pronunciadas sobre cada uno de nosotros, ahí junto a la pila bautismal, y desde ese momento podemos vivir esta realidad, somos hijos amados de Dios. A la luz de este misterio en la vida de Jesús, es bueno revisar cuánto valoramos y cómo vivimos el hecho de nuestro propio bautismo. Nosotros, que en el bautismo hemos recibido el don de la fe, podemos decir con convencimiento que: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que pude recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo”.

Generalmente, la familia es el primer lugar donde se nos enseña a conocer a Jesús. La mayoría de nosotros aprendimos de labios de nuestros padres a rezar y tomados de su mano fuimos a la iglesia. Ellos pidieron para nosotros el Bautismo, por lo tanto, la fe, el pertenecer a la Iglesia, el ser cristianos y así encaminarnos al cielo.

Agradezcamos el hecho de que nuestros mayores nos hayan introducido con su palabra, ejemplo y por medio de los sacramentos, en la familia de Dios, que es la Iglesia. Valoremos el haber sido bautizado siendo pequeños y que luego se haya seguido alimentando la fe con las prácticas de piedad, el ejemplo de los mayores, la catequesis que hemos recibido en diversos momentos.

Hoy, son muchos los padres que se sienten cristianos y piden que sus hijos sean bendecidos por el sacerdote, los traen a la Iglesia a rezar delante del Cristo o de la Virgen, les colocan alguna medalla como signo de protección, los llevan hasta algún santuario, pero postergan para ellos el sacramento del Bautismo.

Distintos motivos se dan para no celebrar este sacramento: a veces se dice que la Iglesia pone problemas, exigencias, y no da todas las facilidades para hacerlo; esto más que una realidad, son ideas que se transmiten sin ser verdad. Otras veces se escoge un padrino de muy lejos que nunca llega a venir. En algunas ocasiones, la problemática económica se esgrime para postergar el bautismo, se quiere hacer una gran fiesta familiar; y sobre todo se escucha mucho eso que, mejor los niños elijan ser bautizados cuando sean grandes.

La postergación del bautismo en los niños ha de preocupar a toda la comunidad cristiana, por lo que ella misma ha de convertirse en una propagadora de la necesidad e importancia del bautismo en la vida de toda persona.

La Iglesia enseña en su catecismo: “Puesto que los niños nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, ellos necesitan también del nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados a la libertad de hijos de Dios. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de los niños. Por lo tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento”1250.

“Los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado”1251.

Todos nosotros bautizados seamos portadores de esta noticia animemos a nuestros parientes y conocidos a que vivan su fe, bautizando a sus hijos, entregándoles el regalo de la fe.

 

Oremos y hagamos apostolado para que, en esta diócesis de Rancagua, todos seamos hijos de Dios, cristianos, miembros de la Iglesia.

 

Les bendigo con cariño,

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua