
Profesores de religión de diferentes comunas de la Diócesis de Rancagua participaron del décimo séptimo Congreso diocesano, organizado por la Vicaria de Educación del Obispado de Rancagua y que -por segundo año consecutivo- se efectuó complemente online, a través de la plataforma zoom.
La jornada, que buscaba contribuir a la formación permanente del profesorado de religión e incrementar su conocimiento de los procesos que se llevan a cabo en la Iglesia diocesana y nacional, comenzó con el saludo del Vicario de Educación, padre Patricio Cavour, quien destacó el esfuerzo realizado para seguir reuniéndose en esta instancia, que “nos permite ser comunidad, una oportunidad para compartir y tener la certeza de estar unidos en la misión de llevar la palabra del Señor a los niños y jóvenes que están bajo nuestro cuidado”.
Al mismo tiempo agradeció el trabajo de los docentes y enfatizó que “quisiera animarlos y agradecerles, porque éste es más que un servicio, es una vocación que cada uno de ustedes ha recibido, es un regalo de Dios llevar el mensaje de Cristo a quienes no se acercan a la Iglesia y que sólo tendrán la posibilidad de encontrarse con su mensaje a través de ustedes”.
Posteriormente, el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, instó a los docentes a continuar con entusiasmo su labor. Enfatizó que “están viviendo la tarea de evangelizar que, si bien es hermosa, también tiene sus cuotas de complejidad”. Frente a ello, los invitó “a cultivar su vida espiritual, con momentos de oración, participando en los sacramento, en la Eucaristía dominical y a ser activos lectores de la palabra del Señor, no sólo para la clase de religión, sino para saber qué te está diciendo a ti el Señor y ser un buen evangelizador, especialmente, donde como sacerdotes nos cuesta o no sabemos llegar, para ser evangelizadores con espíritu”, aseveró.
LA SINODALIDAD
E primer expositor del Congreso de Profesores fue el sacerdote Renzo Remelli Morales, secretario adjunto para la pastoral de la Conferencia Episcopal de Chile, a quien además le ha correspondido colaborar en el proceso de Conversión Eclesial y Renovación de la Evangelización. El padre expuso sobre “La Sinodalidad camino para la renovación de la Iglesia”.
Explicó a los presentes que “el Espíritu Santo está actuando, es así como en este tiempo –de crisis- Dios está actuando y está haciendo el proceso de renovación, donde el clamor principal es la dignidad humana, que es el centro del Evangelio. La clase de religión no es para tener más adeptos a la religión católica es para humanizar, para que cada persona viva en plenitud”, aseveró; y agregó que “Dios no dio la vida por una institución, sino por la salvación de cada persona”.
Por ello, indicó, “el clamor por dignidad es muy coherente con este proceso de renovación que estamos realizando en la Iglesia. Todo el proceso que se está desarrollando en las diócesis del país busca escucharnos para tener relaciones más armónicas, más evangélicas, más sinodales, tal como lo hizo Jesús”, dijo y enfatizó que “la sinodalidad es una forma de vivir en la sociedad, donde cada uno sea uno mismo, viviendo su originalidad, porque cada persona es ungida por el espíritu”.
El Padre Renzo hizo hincapié en que “como Iglesia chilena queremos hacer un proceso que nos permita avanzar durante el 2022 a ser una iglesia más evangélica y con estructuras que permita la sinodalidad”. Respondiendo a ello, recalcó que “el papa Francisco nos invitará en el mes de octubre a vivir un Sínodo sobre la sinodalidad, que busca ser fieles a Jesucristo en los tiempos actuales”.
Posteriormente, Carola Quesney Farías, encargada de comunicaciones del Obispado de Rancagua, se refirió a “Cómo participar en el Proceso de Escucha de la Asamblea Eclesial”, que permitía entregar una opinión sobre la situación de la iglesia local a los obispos del Celam que se reunirán en noviembre. Finalmente, el congreso concluyó con la tradicional oración y bendición de cada uno de los presentes para que Dios los acompañe en su misión.
Educando educándonos
Los profesores católicos tuvimos nuestro encuentro anual en el Congreso que organizó la Vicaría de la Educación de nuestra Diócesis. Un espacio de encuentro, de alegría, de escuchar a otros que nos van dando luces sobre nuestro caminar, de compartir con quienes vemos solo en estos encuentros.
Fue una jornada donde nos sentimos acompañados por nuestro Obispo y el Vicario quienes nos invitaron a vivir una espiritualidad de cercanía con Dios, que es Padre, que escucha, que le interesa lo que nos ocurre, que se alegra por los logros y nos acompaña en los momentos adversos.
Cuando miramos nuestros ambientes laborales en donde “somos pagados por el Estado para enseñar las cosas de Dios. Esto es único” (palabras de Monseñor Guillermo Vera, en el saludo del Congreso). Somos desafiados a mirar las dificultades que las cuales a veces tenemos para hacer nuestras clases, para motivarnos como lo hicieron aquellos hermanos y hermanas nuestras que nos precedieron y que nos muestran el camino que debemos recorrer para no quedarnos con la tentación de que nadie o muy pocos quieren escuchar las cosas del Señor.
Los Santos son un buen ejemplo de cómo pusieron su mirada en Dios y no en ellos para sacar adelante la evangelización, para reconocer en los hermanos que estaban necesitados de Dios, de su ternura y de su misericordia. Ellos aceptaron el desafío venido de Dios y del clamor de sus contemporáneos, sus dificultades son las mismas que las nuestras, sólo que ellos la vivieron como una oportunidad.
Debemos ser como David, quien saliendo de toda lógica tiro al suelo al fuerte Goliat, quien contaba con fuerte armadura, afilada espada y musculatura desarrollada. David sabía que esta acción que realizaría no era de él sino de Dios, y con una simple piedra lo derrumba. La simple piedra nuestra es el testimonio sencillo y alegre de hacer bien hecho el trabajo cotidiano, de acoger al alumno conflictivo con una sonrisa y una mirada, de entender a los colegas su distanciamiento de Dios y ser un aporte a las familias que pueden estar pasando momentos difíciles; y por sobre todas las cosas nuestra pequeña piedra debe ser la oración y el encuentro frecuente con el Señor en la Eucaristía y la Confesión, que nos dan la paz que debemos entregar y la seguridad de contar con el Señor a nuestro lado. Seamos luz frente a la oscuridad, seamos una sonrisa para el triste, un apoyo para quien camina solo.
Carlos Martínez Acevedo
Profesor